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Jimera de Libar

Jiméra de Libar se encuentra situada a una altitud de 460 metros s.n.m. en una de las lomas sobre un amplio valle del río Guadiaro, entre Benaoján y Cortes de la Frontera, dentro de la Serranía de Ronda. Su pequeña población asciende a unos 435 habitantes repartidos en dos núcleos, el propio municipio y la barriada de la estación del ferrocarril junto al río.

Al igual que otros municipios de Valle del Guadiaro hay evidencias en su termino de ocupación humana de época de prehistórica y  en vestigios funerarios y cerámicos de época fenicia. Posteriormente presencia romana y árabe, de la que quedan restos de lo que fue su mezquita adosados a la actual iglesia parroquial. En dicha época era su nombre árabe, Inz-Almaraz, que se cambió posteriormente por Ximera de Líbar, después de la conquista cristiana, apareciendo constancia de su nombre grabado en una piedra de la fuente pública y fechada en 1789. La documentación más antigua que se posee sobre la historia de la villa data del siglo XVII. Su casco urbano se alza sobre una loma de la falda de la sierra en la margen izquierda del río, por lo que las casas enjabegadas y con zócalo suben y bajan por calles estrechas y serpenteantes, como corresponde a esta zona de la Serranía. Sus edificios singulares son la iglesia parroquial. Jiméra de Líbar, puede presumir de un gran patrimonio ecológico, ya que se encuentra en las proximidades de la gran reserva de Los Alcornocales y forma parte del parque natural “Sierra de Grazalema. Entre los hitos geológicos destaca el pico Martín Gil de casi 1.400 metros de altitud, principal cumbre de la Sierra de Líbar y la cueva del Chapi,  que se divisan frente al pueblo.

La mayor parte del término de Jiméra de Líbar se extiende por las dos vertientes del valle del río Guadiaro presentando un paisaje muy accidentado, de cerros cubiertos de encinas, alcornoques y matorral que trepan por los blancos roquedales de la sierra. El resto del municipio, entre el cauce del río y el pueblo, está formado por una franja de terrenos más suaves cubiertos de olivos, cereal y algunos pequeños regadíos de ribera.

Sus fiestas las celebra en honor de su patrona la Virgen de la Salud en el núcleo urbano de la estación, junto a un pequeño montecillo, lugar donde según cuenta la leyenda, se apareció la Virgen.

La Iglesia del núcleo principal que debió levantarse sobre una mezquita tal como parece atestiguarlo la forma de minarete de las torres.

En Jiméra podremos visitar también el Molino La Flor, antiguo molino de agua apoyado sobre los restos de un puente romano. Se encuentra rodeado de un increíble paraje sublime. Actualmente se encuentra restaurado para su uso como alojamiento turístico. Algo más lejos, a 4 kilómetros del municipio, la Finca El Tesoro prueba que aquí hubo un asentamiento de época fenicia, y desde entonces habitado. En dicho lugar apareció una necrópolis con restos cerámicos y ajuar funerario.

Hoy en día Jiméra de Libar, además de su industria agrícola y ganadera, complementa su economía con un incipiente sector turístico rural en alza.

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